El deseo de abandonar

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El viernes por la mañana hice mi última tirada, la idea era correr al menos 1 hora a paso tranquilo, a 5:30 el Km.  Sin embargo a los 20 minutos había tenido que parar pues realmente me sentía mal.   Presentaba una opresión abdominal y finalmente tuve que ir al baño.

Supuse que como la mayor parte de las veces, ahí quedaría todo, ya que gozo de un sistema digestivo bastante resistente y de rápida recuperación, como todo el Viernes ya no hubo ninguna incomodidad, me declaré listo para el Domingo presentarme al Medio Maratón León-Comanja.

Pero el Sábado a medio día me empezó un leve dolor de cabeza y algo de fiebre, sentía el cuerpo un poco adolorido, así que supuse que sería algún resfriado… por lo que un poco de descanso por la tarde-noche y quedaría listo para el Domingo.  Así lo hice, por la noche del sábado me sentía bastante bien.

El domingo salí a las 6:00 a.m. rumbo a León Guanajuato, ya que la salida estaba programada a las 8:00 a.m., llegué todavía con 40 minutos suficiente para calentar un poco y salir al paso que tenía programado.  Los primeros 15 kilómetros salieron según lo que estaba previsto, llevaba un paso de 5’00” el Km, pero a partir de ese kilómetro empieza la mayor cuesta del recorrido, la cual se prolonga por algo más de 3 Km, en ese punto bajé el ritmo y empecé a sentirme completamente mal… volví a sentir la opresión del abdomen y un dolor de cabeza fuerte, seguía caminando pues como a 400 metros cuesta arriba vi que había un puesto de hidratación, no había caminado ni 100 metros cuando empecé con mareos, a los otros 100 metros solo veía luces, ya no reconocía el camino y las persona que pasaban solo eran manchas con movimientos, como pude caminé dando tumbos y guiado solo por el sonido hasta el puesto de agua, escuché la voz de la muchacha que estaba ahí que me ofreció agua y unos dulces, yo ya no veía absolutamente nada, así que extendí mi mano con la palma hacia arriba y pedí que me diera el agua y el dulce, dí un par de pasos y alcancé a sentir que había algo de sombra en el camino, así que me recosté, me puse en posición fetal para poder tomar el agua y meterme el dulce a la boca, creo que estuve así al menos 18 minutos, lo extraño es que ninguno de los corredores preguntó si estaba bien, ni los mismos del puesto me preguntaron nada… simplemente estaba ahí solo, tirado, desorientado y con la frustración de haber dejado el ir el tiempo que tenía previsto, pero más que nada decepcionado de que en 18 minutos nadie estuvo ahí para ofrecerme apoyo, ¿y si hubiera sido un paro cardíaco?… Me llegó a la mente la idea de abandonar… ¿Esperaré las cuatrimotos para que me lleven a la meta?… ¿Les haré señas a los del puesto para que pidan a los paramédicos?… Por mi mente tenía fija la idea de abandonar, -Vamos ¿que tiene?, sería la primera vez y además está justificado, no me siento bien, algo anda mal-, me dije -Mejor intento en Septiembre bajarle tiempo en el Maratón, por hoy ya di todo lo que pude-, así pensando abrí los ojos, y ya podía ver con claridad, me senté lentamente y vi que a unos metros a mi lado estaba la chica que me había dado el agua y los dulces, estaba ocupada atendiendo a todos los corredores que pasaban solicitando agua y dulces… estaba ella sola, veía el rostro de los corredores (la mayoría en ese punto eran caminantes, ya que la pendiente no permitía a muchos mantener un paso aunque fuera de trote) en la mayoría se dibujaba una mueca de dolor y sufrimiento, creo que la mayoría iba tan absorto en mitigar internamente la agonía que se siente al ir por esas cuestas, me levanté sin pensarlo demasiado e instintivamente empecé a caminar uniéndome a la fila de personas que subían por el sendero. Llevaba unos 500 metros cuando venía descendiendo un tipo en una cuatrimoto preguntando -“¿Alguien sabe donde hay un señor desmayado?”-, los que iban adelante de mí le contestaron -“Si creo que vimos uno allá cerca donde está el agua”-, cuando pasó por un lado mío le grité -“Vaya por todo la ruta, a lo mejor no es el único”-, alcance a escuchar de los que venían más atrás que le comentaron -“Si allá estaba uno caído pero ya se levantó”-…

Caminé completamente el resto de kilómetros que eran de subida, los mareos y el dolor de cabeza había mitigado, así que al llegar a la zona donde terminaban las cuestas empecé a trotar… así continué hasta llegar a la meta… Nada más llegando me puse a consumirme lo que venía en el paquete del recuperación, las galletas, un plátano, una bebida isotónica… y listo, a emprender el viaje de regreso.

Por la tarde fui al medico pues no era normal ya con 3 días en malas condiciones… el diagnóstico fue una salmonelosis, ya estoy en tratamiento y en esta semana debo quedar como nuevo, aunque hoy aún me queda algo de dolor de cabeza.

Bueno, como datos adicionales de la carrera, este año fue una carrera “seca”… los caminos polvorientos sin el lodo que era característico de año con año, los ríos que había que cruzar no eran más que simples charcos… creo que ya dí mi opinión de la asistencia hacia los “caídos en combate”, en algunas zonas se acabó el agua, algunos rezagados hicieron milagros para no deshidratarse, ya que también estaba el sol pegando bastante fuerte.

Mi tiempo 2h29m38s, mi tiempo del año pasado fue de 2h25m… bueno el próximo año lo intentaré nuevamente.

Felices kilómetros.

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3 comentarios el “El deseo de abandonar

  1. Paco Montoro dice:

    Amigo Luis, me alegro de leerte. El cuerpo te dio un aviso antes, pero los corredores tenemos muy mala cabeza y nos empeñamos en hacer la carrera a toda costa.
    Me parece fatal ese gesto de no atenderte al instante, tanto de compañeros corredores, como del voluntariado, mal , muy mal.
    Un abrazo

  2. Wendie dice:

    Wow! Luis, me quede de a seis. No puedo creer que nadie te halla tendido una mano. Eso habla de lo egoistas que somos, ya que me imagino esas personas solo pensaron en lograr su meta personal y si se detenian pues no obtendrian su tiempo deseado, pero como dices tu: -y si fuera un paro cardiaco?-
    Tambien me orprende tu fuerza de voluntad al seguirle con todo y tu malestar, y el tiempo, pues excelente, dadas las circustancias solo fueron unos minutos de diferencia. Felicidades y gracias por escribir experiencias que me van a servir muchisimo como ejemplo.

  3. Luis dice:

    Paco, malo para esta carrera, en otras la camadería es lo importante, creo que por la magnitud del esfuerzo en un maratón hay más compañerismo que en carreras cortas, si bien la ruta era dificil por su naturaleza, las medidas deberían ser más detalladas y mejor planeadas. En fin anécdotas para que se mejoren estos puntos.

    Wendie, cierto que es egoísmo pero muchos que pasaron eran caminantes que lo único que buscaban era llegar, creo que iban en las mismas circunstancias que yo, pero bueno… fuerza de voluntad no creo, instinto de superviviencia tal vez, al ver que no llegaba ayuda, tienes que buscar la salida, y si en el camino te sientes mejor pues a seguirle, no?… jejeje,

    Saludos.

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